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No hay transformación digital sin transformación personal

En mis más de 15 años trabajando en el desarrollo de software, llevando carteras de proyectos grandes de implementaciones simultáneas, diseño de estrategias de desarrollo e implementación de estos desarrollos, he descubierto que las complicaciones no se generan por el software propiamente tal, las complicaciones se generan por no entender claramente lo que nuestro cliente quiere.

Con la tecnología se puede hacer todo, más o menos eficiente según la tecnología disponible en el momento, más bonito o menos bonito, más distribuido o no, pero ¡¡¡puedes hacer lo que quieras!!!. La robótica, los algoritmos que puedes crear, los datos que puedes estudiar y analizar, la inteligencia artificial que le puedes dar a cada proceso, a cada interacción son ilimitadas.

Pero nada de lo descrito anteriormente es usado por el cliente sino le es útil, sino le soluciona el problema o el dolor que tiene por muy de moda que esté, por muy top de tecnología que sea, por muy cool que se vea.

Esto me hizo dirigir mi camino a entender cómo funcionamos los seres humanos, para poder entender a mis clientes, para poder saber qué les preocupa y así lograr establecer las confianzas necesarias que me permitieran ayudarlos a solucionar sus dolores, sus problemas, ayudando a crear soluciones que realmente las quieran y disfruten usándolas.

Y esto me impulsó a una transformación personal, donde entendí que tenía que aprender a escuchar atentamente, sin estar a la espera de responder algo, sin querer imponer mi opinión sino que por el contrario, descubriendo en conjunto con el cliente qué es lo que necesita, donde todo el equipo entienda por qué lo necesita.

Entendí también, que tengo que dejar de suponer y que debo preguntar más para confirmar mi entender, que tengo que incorporar el sentido de la visión en la conversación para co-crear una realidad conjunta con un entendimiento que podamos compartir con una imagen (una gráfica, un flujo, post-it, etc.) y que las palabras escritas no necesariamente representan de mejor manera lo que se necesita. “Una imagen vale por mil palabras”

Logré incorporar a mi conocimiento que el software que se desarrolla tiene que tener un propósito claro definido el que encuentro en conjunto con el cliente y que es complementado con el equipo de desarrollo, para poder ofrecer ideas que potencien la creatividad del cliente abriendo nuevas oportunidades de evolución de su forma de trabajar, de observar su problema, no imponiéndole soluciones, sino que probando, mostrando utilidad, recibiendo contenta el feedback y la participación del cliente. 

Aprendí que lo más importante es la relación entre los seres humanos que participamos en el desarrollo, que a través de poner el bien común por sobre el bien individual llegamos más allá de lo creemos logrando mover el límite de lo que creemos posible.

A partir de nuestra transformación personal que nos impulse a querer escuchar, aprender y ayudar al otro genuinamente, la transformación digital viene solita, como la cereza de la torta ¿no lo crees?

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