En la actualidad la neurociencia ha avanzado mucho en el descubrimiento de como funciona el ser humano en cuanto a las diversas conexiones que realiza en su cerebro, en cómo procesa las sensaciones que hay en su ambiente, cómo interpreta las emociones que siente en una determinada situación y cómo estos elementos van marcando puntos neuronales que capturan hasta el más mínimo detalle.
Estos estudios han ido mostrando y confirmando que el ser humano está compuesto por 4 dimensiones que lo definen: la dimensión física, la mental, la emocional y la espiritual, donde todas ellas funcionan simultáneamente en cada segundo que pasa del día.
Por lo anterior, deberíamos tener claridad que expresiones como “esconder las emociones”, “hay que ser racional en el trabajo”, “las emociones no sirven”, entre otras que he escuchado, están absolutamente obsoletas, ya que una persona biológicamente no puede decirle a la neurona que sólo registre una de las dimensiones en su cabeza.
Por otro lado, en ámbito de la sicología muchos deben haber escuchado hablar de la pirámide Maslow, que muestra como el ser humano enfoca su desarrollo evolutivo en función de cubrir las necesidades de sobrevivencia que se presentan durante su vida.
Esta pirámide nos hace ser conscientes que la mayoría de las problemáticas de las personas en la actualidad son respecto a encontrar sentido de pertenencia, resolver afectos, aumentar su autoestima, tener reconocimiento, etc. y por eso a veces no entendemos cuando las personas se quejan de su vida, usualmente a nuestra mente vienen frases como ¡pero si esa persona lo tiene todo!!, pero seguramente hay elementos de su emocionalidad o espiritualidad que siente que no están cubiertos.
Al juntar las líneas de análisis de la neurociencia y la sicología, se ha logrado concluir que las personas que están deprimidas, no tienen la habilidad de generar una cantidad de energía que les permita rendir en sus labores de la forma esperada.
En cambio, una persona que se siente feliz, que se siente motivado con lo hace, aumenta sus niveles de productividad, creatividad, creando un circulo virtuoso entorno a todos los lugares que participa: trabajo, familia, amigos, etc.
Entonces, ¿por qué no preocuparnos de buscar ser felices? ¿por qué no encargamos nosotros mismos de crear nuestra felicidad? Me parece que hemos visto demasiadas campañas de marketing que nos muestran que la felicidad llega desde fuera de nosotros, comprando cosas que posiblemente nos hacen felices un momento, pero que no generan un cambio permanente en nosotros.
El estado de felicidad, plenitud, satisfacción no viene de afuera… está dentro de cada uno de nosotros y para descubrirlo hay que iniciar un viaje a nuestro interior que nos ayude a descubrir ¿quiénes somos? ¿qué vinimos hacer a este mundo? ¿qué nos gusta? ¿qué nos hace feliz?
Si ya iniciaste ese viaje ¡te felicito! Si no, te invito a que te atrevas a comenzarlo, con calma, como un navegante que va a un mundo desconocido y que quiere sorprenderse de lo que allí encuentre. ¡Anímate!