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La vida es eterna

Estoy practicando una canción de Víctor Jara cantautor chileno que se llama “Te recuerdo Amanda”, una canción muy bella y muy emotiva. 

En una de sus frases comenta que cuando Amanda ve a su amado Manuel solo 5 minutos y que esos 5 minutos son eternos, son una inmensidad, es la plenitud.

Muy poética la frase y la situación, sin embargo la profundidad de esos 5 minutos que se convierten en una eternidad, en un momento pleno tiene que ver con el grado de presencia o consciencia que cada Ser imbuido en la escena tiene.

Ese abrazo recuerdas como si fuera ahora o ese beso inolvidable o la mirada profunda que te tocó el alma, tienen que ver principalmente con el grado de presencia que tienes tú en esa situación y no tanto con lo que hizo la otra persona o el entorno que los rodea.

Cuando estás plenamente presente, tu respiración se ralentiza, tu corazón se sincroniza con ella, tu mente se hace a un lado y cada partícula de tu cuerpo está atenta a lo que está sucediendo.

En ese momento, en cada inspiración grabas en tu cerebro las sensaciones que recolectan tus sentidos: lo que ves, hueles, tocas, saboreas, oyes, percibes como está tu cuerpo internamente (interocepción) y externamente (propiocepción).

Es ese momento en que te entregas a la situación sacando el intelecto, sin juzgar ni calificar, solo sintiendo, percibiendo, siendo, es ese momento en que estás viviendo plenamente el presente.

El estar en el presente gran parte del tiempo no es algo inalcanzable, todo lo contrario, es absolutamente entrenable a través de aprender a dirigir conscientemente nuestra atención.

Cuando eres el dueño y señor de tu atención puedes llegar a encontrar la plenitud en cada momento de tu vida.

 

 

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