Llegar alto
Siempre el hombre ha tratado de llegar a lo alto, de estar en la cima, estar por sobre todo y todos.
Al parecer hay una necesidad de avanzar hacia arriba, a alcanzar el cielo con las manos y a mirar luego cuanto has avanzado para sentir la satisfacción de lo logrado.
Hay un impulso profundo de avanzar hacia lo desconocido, a querer saber qué hay más allá, donde se presenta un impulso profundo a vencer los miedos que nos pueden retener.
Buscamos y disfrutamos esa adrenalina de enfrentar lo desconocido, de enfrentarnos a nosotros mismos en nuevas situaciones, sorteando los obstáculos y comprobando lo que pensábamos que iba a suceder.
Crecemos, nos expandimos, somos más y mejores seres cuando nos desafiamos a hacer lo que nunca antes habíamos hecho.
¿Por qué? Por el aprendizaje que conlleva hacerlo, por los nuevos circuitos neuronales que vamos generando, convirtiéndonos en seres o máquinas más complejas, incorporando nuevas visiones, nuevas formas de hacer y quizás de no hacer, porque nos damos cuenta que hay mejores formas de realizarlo.
Todos los seres tenemos la capacidad de hacer esto, de llegar alto, de avanzar, porque la expansión es intrínseca en el ser, quién no se expande sufre, se marchita, se pudre, se seca.
Observa ¿cómo te sientes tú? ¿te sientes vivo y expansión? ¿o sientes que te estás muriendo? Si crees que mueres puedes hacer la diferencia dando el primer paso que es tomar la responsabilidad de ir por lo que quieres.
Nadie vendrá a sacarte de donde estás a menos que tú tomes las decisión de llegar alto, de ir hacia adelante, hacia la cima.
Si tomas la decisión con toda certeza, sin dudar, siempre habrá alguien que te pueda enseñar, ayudar, apoyar, si tú no te quieres mover, no habrá nadie que te venga a rescatar, porque aunque quiera rescatarte tú no lo verás.
Como siempre tú eliges dónde y cómo quieres estar, es tú decisión.