La profundidad del propósito
Mientras continuaba mis estudios e investigación en temas de neurociencia, me encontré con la psiquiatra María Rojas-Estapé, de quien he ido aprendiendo mucho de sus ponencias y comentaba un dato que me dejó realmente sorprendida.
El 90% de las personas no sabe para qué se levanta, no sabe para qué vive, no sabe qué está haciendo aquí en este mundo.
El 90% de billones de personas vive como un robot. La verdad es que la cifra me estremeció y creo que todavía no la proceso del todo.
Y pensar que yo hasta hace unos años estaba en ese grupo, sin saber para qué vivía, sin saber hacia dónde me dirigía, compitiendo por tener más, más de no sé qué, pero sin una luz que dirigiera mi camino.
Y efectivamente uno es un robot, no sientes, haces lo que estás obligado a hacer lo otros que dicen, sientes la presión, te empiezas a enfermar, el estrés no lo soportas, te cuentas mil cuentos para sostener la situación, hasta que llegas al punto de colapso. Algo te pasa o te enfermas o sufres un accidente o te sucede un problema que ya se te escapa absolutamente de las manos.
¿Por qué tenemos que llegar ahí para despertar? ¿por qué no podemos ser un poquito más sabios y tomar acción antes cuando aún estamos bien? ¿qué hace que estemos tan adormecidos?
Cuando descubrí mi propósito que es “ayudar a que las personas se conozcan así mismas”, entendí que estaba en este mundo para algo más que sólo repetir una vida sin sentido, que estaba aquí para entregar lo mejor de mí al mundo, que estaba aquí para entregar lo mejor de mí a misma.
Y realmente la vida te cambia, te sientes vivo, disfrutas cada momento lo que haces, apoyas a quienes te rodean y la gratitud de sentirte pleno es indescriptible, solo es experienciable.
Ahora, lo bonito de todo esto es que es una decisión, no hay nada ni nadie que te impida primero encontrar tu propósito y segundo ir pasito a pasito cumpliéndolo.
Sí, da miedo despertar, da miedo entender que todo lo que he vivido es mi responsabilidad y que quizás hasta ahora no lo he hecho muy bien, pero una vez que tomas la decisión de cambiar, todo es posible.
Aprende primero a observarte, identifica qué sientes, cuáles son tus emociones, tus creencias, qué te gusta y qué no, y desde ahí podrás ir forjando tu nuevo camino, viendo qué quieres cambiar y qué quieres mantener.
¡Anímate! ¿qué de malo puede pasar?
Y si no sabes cómo empezar, mira mi libro https://www.amazon.com/dp/B09PM8RF79?ref_=pe_3052080_397514860 que con simples pasos te abre la puerta al camino de la autoobservación.