Sentir + observar = sanar
He estado observando que en la vida actual, en el mundo que construimos siempre estamos en permanente conflicto. La mayoría de las veces en nuestras relaciones, ya sea familiares, de trabajo o de amigos, estamos tratando que sucedan cosas que no suceden y que después nos molestamos con el resultado. Incluso en nuestra relación con nosotros mismos estamos en permanente conflicto.
¿Por qué pensamos que lo que nosotros creemos o disponemos para una situación es lo mejor que puede suceder? ¿Por qué tenemos la arrogancia de creer que podemos controlar todo lo que sucede?
Hemos creado un mundo en el que nos enseñaron que se debe “tener la razón”, en un mundo en el que “quien no tiene la razón” queda desplazado, olvidado, castigado e incluso es humillado. Incluso queremos tener la razón en contra de nuestro propio sentir, en contra de nuestro propio cuerpo y bienestar. Pero, ¿sabes? No nos damos cuenta, porque no sabemos sentir, estamos adormecidos, viviendo como máquinas el día a día sin ninguna consciencia.
Doy gracias que una de las primeras cosas que entendí cuando llegué al tema del autoconocimiento es que era clave recordar o volver a aprender a sentir. Primero, a través del Yoga, volví a sentir mi cuerpo, no solo a través del dolor, que es cuando el cuerpo ya nos grita que necesita ayuda, si no que en el día a día. Aprendí a percibir con mayor precisión las sensaciones que percibía, pudiendo notar que mi cuerpo cambiaba según las emociones que sentía: cuando se aprieta el estómago, se tensan los músculos, se cierra o duele el corazón, o cuando viene una sonrisa al rostro, se distiende el cuerpo, se abre el pecho para recibir y entregar amor.
Sentir mi cuerpo me dio pie a entender que había empezado a observarme, a mirar con un ojo más científico lo que sucedía en mi cuerpo, y esta observación al llegar al coaching se amplió, encontrando la forma de mirar mi mente y cómo se relacionaban los pensamientos de mi cabeza con las emociones que capturaba mi cuerpo. Y ahí empezó la magia.
Me di cuenta, por ejemplo, que habían situaciones que me asustaban o incomodaban sin motivo “racional” alguno, que no tenía ningún sentido la reacción. Y eso me dio la pista para empezar a indagar por qué, y como no sabía cómo hacerlo, pedí ayuda.
Con apoyo de profesionales pude descubrir que existían situaciones de otros momentos de mi existencia que resonaban con otras actuales y pude trabajarlas, perdonarlas y abrazarlas para sanar mi alma. Y me di cuenta que este proceso de sanación, de encontrar un centro para cambiar mi visión de mí y de mi entorno no habría sido posible si no hubiera recordado cómo sentir, cómo sentirme, cómo conectar desde cada partícula de mi cuerpo con lo que era, con lo que soy.
¿Y tú?, ¿te sientes?, ¿percibes tus emociones y sensaciones?, ¿las identificas? Si no lo has hecho, te invito a que lo intentes. Como siempre, no hay nada que perder, sino todo que ganar. Y si no sabes cómo hacerlo, yo te puedo acompañar.