Conectar
La palabra conectar en mi vida y por supuesto en mi mente, ha tenido una evolución enorme desde que empecé a sentir que la vida en gran parte era compartir con los seres que tengo a mi alrededor.
En algún momento empecé a ser consciente que mi existencia dependía de las relaciones que tenía con otros, de lograr establecer confianzas, de cumplir compromisos, de estar agradecido, de sentirse parte de un grupo o comunidad que comparte ideales o un camino.
Este tipo de consciencia se fue potenciando con la práctica diaria de meditación y yoga, pero además me abrió una nueva puerta de conexión que tenía que ver con la naturaleza.
Empecé a observar como los demás seres vivos (plantas, animales) son parte de la experiencia de vida, partiendo por sentir como las plantas son una extensión de nuestros pulmones en un ciclo virtuoso donde ellas nos brindan oxígeno y nosotros a ellas dióxido de carbono, ellas respiran porque nosotros respiramos y nosotros respiramos porque ellas respiran.
Poco a poco empecé a sentir que es parte importante de la vida nuestra alimentación, los animales, vegetales y frutas que se convierten en parte nuestra, donde dentro de nuestro cuerpo somos capaces de transformar un alimento en una célula del cuerpo… ¡no es esto maravilloso!
Por otro lado, empecé a ver los elementos inanimados que viven con nosotros también tienen un ciclo de vida, están a nuestro cuidado por un tiempo para darnos servicio o apoyo en las diversas tareas, ya sea la ropa que nos abriga, el techo que nos cubre, los platos y servicios que están ahí para entregarnos de forma limpia y cómoda los alimentos, y así, tantas cosas que tenemos que nos facilitan la vida.
Y a medida que pasó el tiempo me di cuenta que algo faltaba, sentía que algo importante me estaba perdiendo, cuando de repente me di cuenta que conectaba con elementos que estaban fuera de mi, pero ¿qué había de la conexión conmigo misma?
La conexión profunda me faltaba, el lograr sentir mi corazón en un solo ritmo con mi cuerpo y mi mente, para poder percibir mis sentimientos, emociones, pensamientos e ideas.
Y empecé este camino hacia el interior que me cambió la perspectiva, que me tiene aún aprendiendo del universo en mi, del universo que yo soy, entendiendo poco a poco cómo creé la persona que hoy soy, poniendo en perspectiva si es que quiero ser quien soy y haciéndome consciente de decidir con plena responsabilidad el camino que quiero recorrer.
¿Y sabes? El decidir empezar a recorrer este camino interior, es lo mejor que me pudo haber pasado. Agradezco profundamente todo lo que he vivido.
¡Te invito a recorrerlo conmigo!