La Primavera
La primavera me llama a renovación, renacimiento, a crecimiento a evolución.
El florecer de las plantas, sus aromas, colores entregan una energía importante al mundo y por lo tanto a nosotros.
Pasamos la vida sin observar con detenimiento la forma en que se mueve la naturaleza y la relación que mantiene con nuestros cuerpos.
Por ejemplo ¿Han notado que las plantas son parte de nuestros pulmones? ¿entienden ustedes que sin el oxígeno que ellas nos entregan nosotros no podríamos vivir? Así mismo, el dióxido de carbono que nosotros los seres vivos expulsamos al ambiente, es parte de lo que respiran las plantas para poder subsistir.
En la naturaleza existe siempre un equilibrio y cuando algo la saca de él, ella vuelve a buscar la forma de volver a un nuevo equilibrio. La naturaleza fluye en si misma, encontrando la forma de generar vida, de generarse y crearse a si misma.
También podemos observar nuestro cuerpo, que si se lo permitimos, es capaz de sanarse así mismo, de regular sus funciones químicas y biológicas en cuanto a las situaciones en que nos encontramos, buscando la forma de estar lo mejor preparado en cada situación y rendir a su máximo.
Así mismo, los alimentos que nos da la naturaleza son procesables por nuestro cuerpo transformándose en las distintas células de él, regenerándose, nutriéndose, equilibrándose como todo en el universo.
Si nos diéramos el tiempo para observar un poquito, quizás podríamos abrirnos a la posibilidad de buscar el equilibrio de formas más naturales que artificiales, conectando con el equilibrio universal ¿cómo sabes si eso no nos ayuda a encontrar también nuestro equilibrio mental y espiritual?
Sentir, sentirse, observar, observarse, son habilidades intrínsecas que todos tenemos y podemos aprovechar en nuestro beneficio, para conocernos a nosotros mismos y para conocer a otros y a todo, con el fin de encontrarnos y así lograr equilibrar nuestro ser, nuestro mundo.
Y si no sabes cómo empezar, yo te puedo acompañar.