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¿Qué respondes cuando te preguntan quién eres?

¿Sabes quién eres?¿qué respondes a esa pregunta? Hasta hace un tiempo, lo que yo respondía a esa pregunta, era con una serie de títulos que describían lo que había hecho durante mi vida, pero me di cuenta que esos títulos no eran yo.


El descubrimiento de quien eres, para los que andamos ocupados por la vida es un proceso conmovedor. Para mi fue algo casual, ya que en mi proceso de certificación de coach, fueron apareciendo algunas luces y reflejos de quién era yo y que al parecer era alguien a quien yo no conocía. Definitivamente es algo paradójico.


Al escribir una breve biografía de mi, que requería la certificación, sentí que las palabras no alcanzan para describir quién uno es. Las palabras solo nos califican, nos distinguen de otros según cualidades que expresan cosas buenas o no tan buenas, pero no tenemos cómo expresar quién somos en nuestra profundidad sólo con palabras.


Quizás lo más cercano a poder describir de forma un poco más certera quién uno es, es nuestra propia imagen. Ella refleja nuestra historia, experiencias, emociones, ella muestra quién eres, pero usualmente no hacemos el ejercicio de mirarnos concienzudamente, de mirar más allá de los ojos.


Ni tampoco miramos a los otros.


Nos perdemos en el diario vivir, pasamos sin vernos, sin sentir qué nos pasa y cómo nos afectan las interacciones de nuestro entorno y cómo afectamos, con cada acción o no acción, al mundo que nos rodea.
Creo que unas de las formas de saber quién uno es, es lograr percibirse, lograr observar qué me pasa, qué siento en cada ocasión, tratando de sacar la cabeza de debajo del agua, para así percibir nuestra intensidad, nuestra verdadera energía.


Quizás no logremos describirnos con palabras, pero al menos podremos sentir el ser que somos y cómo fluimos en cada situación, con cada persona que nos rodea, para abrazar y alcanzar plenitud.

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